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Combatir la inseguridad también incluye enfrentar y disminuir la violencia

Hay que disminuir la intolerancia, respetar a quien piensa diferente y animarse a discutir incluso con quien está en espacios opuestos. No podemos hablar con el otro sin poder percibir que somos parte y que juntos somos el todo.

Por el Dr. Oscar Ariel Martínez*

Los argentinos y en particular los santafesinos, en estas últimas horas, asistimos asombrados a episodios violentos que dejan un fuerte llamado de atención. Por un lado, la alevosía con la que los delincuentes roban y matan a indefensos ciudadanos, incluso a los abuelos con su consabida vulnerabilidad. Por el otro, los enfrentamientos entre los sujetos que se impregnó hasta en los más jóvenes como pasó este jueves a la noche en Santa Fe y terminó con un joven de 16 años muerto en la puerta de una escuela a manos de otro de tan solo 17.
La Iglesia advirtió claramente que nuestra sociedad “está enferma de violencia”. Eso generó la rápida respuesta contestación de funcionarios que se apresuraron en responder más como militantes que como vecinos, cuando el corolario de la historia concluyó con la foto de la Presidenta de la Nación en la quinta de Olivos junto a integrantes de la Conferencia Episcopal. Cristina Fernández de Kirchner al parecer entendió el mensaje.

Evidentemente, para terminar con la inseguridad también se debe luchar contra la violencia. Hay que disminuir la intolerancia, respetar a quien piensa diferente y animarse a discutir incluso con quien está en la vereda de enfrente en cuanto a las ideologías partidarias. Debemos animarnos a dar el diálogo que nuestro tiempo requiere y asumir que vamos rumbo a un punto de inflexión, donde hay un ciclo que concluye y otro nuevo que llega. Ese nuevo tiempo deberá afrontar todos esos desafíos, por eso confiamos en el proyecto del Frente Renovador que lidera Sergio Massa pero a sabiendas de que hay que trabajar en el “ahora”.

Colocar patrulleros y minar las calles de policías y prefectos, evidentemente no alcanza. Es importante, sin dudas, pero no es suficiente. Es en esa instancia donde queda demostrada la importancia de la presencia del Estado a través de todas sus herramientas de inclusión para lograr una plena inserción. Repito, los pibes que se trenzaron con un desenlace fatal en el ingreso de un establecimiento escolar tenían 16 y 17 años, por eso cabe preguntarse: ¿Qué pasó en la última década, donde se formaron y crecieron para que se llegue a estos niveles de violencia?

En el país de las dicotomías y del blanco o negro, están pasando cosas que no pueden dejar de movilizarnos como ciudadanos y más como representantes del pueblo. Como dijo el Papa Francisco, sería una falsa paz aquella que sirva como excusa para justificar una organización social que se silencie o tranquilice a los más pobres, de manera que aquellos que gozan de los mayores beneficios puedan sostener su estilo de vida sin sobresaltos mientras los demás sobreviven como pueden. Debemos transitar el camino del diálogo, la construcción de consensos y la concordia.

Pero no sólo en términos formales sino en términos profundos, y ello exige un cambio. Repito, no podemos hablar con el otro sin poder percibir que somos parte y que juntos somos el todo. La unidad debe prevalecer por sobre el conflicto y la realidad debe estar por encima de las ideas.

Para ayudar a interpretar quiero incorporar dos conceptos. Uno es el de la fatiga institucional, que tiene que ver con creciente malestar de las clases medias, con la menor capacidad económica de la población y con menores beneficios sociales. Con una mayor sensación de precariedad e inseguridad. Eso se acompaña por una desconfianza social creciente y lleva a los conflictos sociales.

Y respecto del estrés, creo que hay causas muy claras y una de ellas es la inflación, que crece y está llegando a niveles intolerables, constituyendo un elemento que genera inseguridad en todos los sectores sociales pero que orada especialmente a los sectores más vulnerables y a los asalariados.

La corrupción genera violencia, la presencia de jueces que benefician a algunos también. La inseguridad provoca miedo. Ir en contra de los intereses de la ciudadanía, impulsando una reforma de un Código Penal como el elaborado por el juez Zaffaroni irrita al grueso de la ciudadanía. Que el parlamento no quiera dar el debate necesario para modificar el mínimo no imponible también.

El desafío para nosotros es que la agenda a encarar sea la del sentido común, que preserve lo que se ha hecho bien, corrija lo que se ha hecho mal y que se haga lo que está pendiente de resolverse. Como lo dice Sergio Massa, estamos convencidos que debemos consolidarnos como proyecto de gobierno y no sólo como proyecto electoral nacional, lo cual significa una definición profunda.

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